La oración en la vida y ministerio de Jesús

October 09, 2018

Hay aspectos muy atractivos en la vida de Jesús que deberían siempre despertar nuestro interés. Uno de ellos es el rol de la oración en su vida y ministerio. Algunos eruditos plantean que el Evangelio de Lucas muestra de una manera muy completa el rol de la oración en la vida de Jesús. Por ejemplo, Fitzmyer dice:1 «Lucas no se contenta con la mera indicación de que Jesús se retiraba frecuentemente a orar (cf. 5:16, 6:12), sino que, en ciertas ocasiones, llega a decir cómo oraba y cuál era el contenido de su oración.»  La ubicación cuidadosa de los pasajes de oración en el texto ilustra la vida de Jesús persistente en la oración, lo cual deja claro que para Lucas la oración está alineada con la historia misma de la salvación.2 Resulta verdaderamente fascinante analizar en forma concisa los siguientes tres cortos pasajes.

La oración en el Bautismo de Jesús
Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia (Lucas 3.21-22).
En este pasaje claramente se observa que la venida del Espíritu Santo sobre Jesús como paloma no se produce en el momento del bautismo, sino en seguida y mientras que Jesús estaba orando. Dos ideas pueden derivarse de este pasaje. Primero, Lucas es el único que añade el importante hecho que da cuenta que Jesús, luego de su bautismo, comienza a orar y continúa orando hasta que el Espíritu Santo desciende y oye al Padre.3 Talbert menciona que no solamente en el Evangelio, sino también en el libro de los Hechos, Lucas destaca que el Espíritu Santo es entregado como respuesta a la oración y no necesariamente como parte del bautismo.4 Incluso, Lucas relata que para Jesús la dádiva del Espíritu Santo a quien lo solicite en oración es algo que Dios está más que dispuesto a otorgar (22.13). Segundo, este pasaje muestra que Jesús antes de iniciar su ministerio redentor, comienza una oración personal y prolongada, se congrega con el pueblo esperando a Juan para bautizarse, aunque no tenía necesidad de hacerlo por su condición de Hijo de Dios, pero tal actitud testifica de su obediencia, cumpliendo en todo con la voluntad del Padre hasta el fin de sus días (cf. 22.42; Jn 6.38).

La oración en medio de la fama de Jesús
Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él. Y él le mandó que no lo dijese a nadie; sino ve, le dijo, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu purificación, según mandó Moisés, para testimonio a ellos. Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba (Lucas 5:12-16).
Este pasaje muestra que luego de sanar a un leproso la popularidad de Jesús aumenta. Lo primero que llama la atención es que Jesús ordenó al hombre no hacer mención de lo ocurrido a nadie. El requerimiento de Jesús no era algo arbitrario, lo más probable es que estuviera vinculado con el comentario de Lucas que sigue a continuación: «Pero su fama se extendía más y más.» Lo segundo que llama la atención es que Jesús «se apartaba a lugares desiertos y oraba.» El desierto era un lugar donde Jesús solía pasar largos periodos (cf. 4:2), pero en esta oportunidad el pasaje da a entender que la razón aparente de su oración es el rechazo a la fama. Lo interesante es que Lucas muestra el ‘modus operandi’ del Maestro para no ceder a una potencial tentación. ¿Cómo? A las plantas de Su Padre. La enseñanza de Jesús a sus discípulos en relación a no buscar honra proveniente de los hombres es clara en el libro de Mateo (cf. Mt 6:1-8), pero Lucas enseña que eso se logra sacrificando tal tentación por estar en comunión con el Padre. Verdaderamente, la actitud de Jesús contrasta con la observada hoy en algunos que buscan popularidad haciendo uso de las cosas sagradas de Dios y Su Palabra.

Por otro lado, la oración en este pasaje está ligada a la costumbre de Jesús de orar y dado que, de acuerdo a la narrativa, enfrentaría una serie de conflictos, Jesús solía ocupar tiempo con su Padre antes de resistir la oposición.5

La oración en la elección de los apóstoles
En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor (Lucas 6:12-16).
Esta sección se centra en una importante decisión para el ministerio de Jesús. Talbert dice:6 «[en] Lucas-Hechos los apóstoles son principalmente testigos que garantizan la autenticidad y continuidad histórica del mensaje de la iglesia.» En un momento de mucha trascendencia en su ministerio, Lucas dice que Jesús pasó toda la noche en oración, en completa intimidad y comunión con su Padre. Ciertamente, no se sabe lo que fue el dialogo entre Jesús y el Padre durante ese preciso lapso de comunión, pero el resultado de la decisión es conocido. Si la “comida” de Jesús en la tierra era hacer la voluntad del Padre (cf. Jn 4:34), es posible especular que fue el Padre quien tuvo mayor incidencia en la selección de los nombres. Fitzmyer indica que quizás sea ésta la razón por la que en el cuarto Evangelio, Jesús en oración expresa al Padre:7 «He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra» (Jn 17:6).

Sin duda que los Apóstoles aprendieron el principio enseñado por Jesús: «la importancia de orar frente a una decisión trascendental.» En el libro de los Hechos (1:24) se ve a la iglesia orando antes de seleccionar a Matías, tal como Jesús lo hizo antes de la elección de los Doce.8

En la actualidad, con frecuencia se escucha argumentar que dado que los cristianos poseen el Espíritu de Dios, cualquier cosa relacionada con Su obra que surge dentro del corazón debe por tanto ser de Dios, y no queda otra cosa, sino echar manos a la obra y emprender. ¡Qué diferente es el ejemplo de Jesús evidenciado en el libro de Lucas! Siendo el Hijo de Dios, aun conociendo desde la eternidad el plan divino, Jesús sometía en oración todas las cosas al estricto beneplácito de su Padre. Una gran lección para la iglesia de este siglo.

Dios nos ayude a comprender que sin la oración difícilmente nuestros pensamientos y motivaciones estarán en línea con la voluntad del Padre.

--RJM

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Notas y referencias
1 Joseph A. Fitzmyer. El Evangelio Según San Lucas. Vol. 1. (España, Madrid: Cristiandad, 1981), 412.
2 Kyu Sam Han, “Theology of Prayer in the Gospel of Luke.” (Journal of the Evangelical Theological Society 43, 4, Diciembre 2000): 676.
3 Esto se puede observar contrastando la conjugación del verbo “orar” en presente continuo, “orando”, y la forma aorista del verbo bautizar (ver Han (2000), 680).
4 Charles H. Talbert. Reading Luke: A Literary and Theological Commentary on the Third Gospel. (New York, NY: Crossroad Publishing Company, 1982), 41-42.
5 Kyu Sam Han, “Theology of Prayer in the Gospel of Luke.” (Journal of the Evangelical Theological Society 43, 4, Diciembre 2000): 681.
6 Charles H. Talbert. Reading Luke: A Literary and Theological Commentary on the Third Gospel. (New York, NY: Crossroad Publishing Company, 1982), 68.
7 Joseph A. Fitzmyer. El Evangelio Según San Lucas. Vol. 2. (España, Madrid: Cristiandad, 1981), 575. 
8 P.T. O’Brien, “Prayer in Luke-Acts.” (Tyndale Bulletin 24, 1973): 122.


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