Varón y Hembra los Creó

July 30, 2018

Fuertes vientos azotan a la sociedad moderna1, generando turbulencias que relativizan todo. Contrario a todo pronóstico, algo tan fundamental y de sentido común como es la biología, se considera hoy irrelevante para definir lo que es un hombre o una mujer. A tal extremo que en medios de corriente principal se habla de la existencia de una crisis de la virilidad o masculinidad. Por ejemplo, los hombres están por debajo de las mujeres en el ingreso a la universidad y graduación; están cada vez más desempleados; y las industrias tradicionalmente dominadas por hombres están desapareciendo. Se piensa que de las 15 categorías de trabajo marcadas para el crecimiento en la próxima década, los hombres dominarán solo dos: el trabajo de limpieza y la ingeniería informática2. A pesar de la importancia que está cobrando la participación de la mujer en la sociedad moderna, también se habla de una crisis en su femineidad.

Los estudiosos dicen que la virilidad debe construirse, y cuando eso no ocurre, entonces no se desarrolla. A diferencia de la femineidad. Su composición biológica asegura que la niña crecerá de forma más natural y se convertirá en una mujer sana. A medida que su cuerpo madura, interna y externamente, le envía a ella y a quienes la rodean una señal inequívoca de lo que ella es y en lo que se está convirtiendo.

En nuestros días, es más importante que nunca enseñar a las nuevas generaciones qué es lo que bíblicamente significa ser hombre y ser mujer. Tal como David exhortó a Salomón: esfuérzate y sé hombre (1Re 2:2), Pablo a los hermanos de Corintos: portaos varonilmente (1Co 16:13), y también su recomendación a que las mujeres asimismo sean honestas (1Ti 3:11). Porque varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados (Gn 5:2). De acuerdo al diseño de Dios existen seis dimensiones que nos permiten entender qué es ser hombre y qué es ser mujer. Las cuales se revisan a continuación:

1.  La Identidad
Tanto en el hombre como en la mujer, la identidad debe estar basada y sujeta al diseño de Dios. El es quien forma a cada criatura humana que viene a este mundo, sus ojos miran en la formación del embrión, creando las partes internas del cuerpo y entretejiendo todo en el vientre de la madre (ver Sal 139:13-16). Por tanto, el órgano sexual otorgado por Dios es la comunicación perfecta del rol que él tuvo en mente para tal criatura. Aunque hoy la sociedad corrompida piense lo contrario. El sabio diseño de Dios contempla que sus criaturas sean definidas por el sexo, ya sea masculino o femenino, el género, hombre o mujer, y la orientación sexual única, heterosexual. No hay otro diseño de Dios, aunque la sociedad haga un continuo de definiciones.

Más aún, al recibir a Jesús como nuestro salvador, pasamos a ser nuevas criaturas (2Co 5:17) que nos gozamos en lo Dios nos ha dado. Al hombre, la capacidad de engendrar y proteger. A la mujer, la capacidad de procrear y ayudar.

El hombre y su mujer se unen sexualmente para procrear un nuevo ser. Dios bendice tanto al varón como a la hembra para fructificarse y multiplicarse en la tierra. En el caso de la mujer, vemos su gran esplendor al ser escogida para llevar en el vientre la criatura concebida y luego traer al mundo a ese ser dado por voluntad de Dios. Una de las mayores realizaciones de la mujer es tener el honor de ser madre. María, la madre de Jesús fue escogida entre muchas para ser bendita con este niño que vino al mundo a darnos Salvación (Lc 1:30-31). En el caso del varón, Dios le permitió engendrar delicadamente en la mujer una criatura a la cual debe proteger desde el momento de su concepción. ¡Qué maravillosa honra para ambos!

2. Temor de Dios
¿Por qué en el primer versículo del primer libro que Dios inspiró al hombre escribir—libro de Job—se menciona el temor de Dios? Y esto no es coincidencia. Porque el temor de Dios es una de las características más importantes que Dios anhela que el hombre y la mujer posean (Job 1:1). Lamentablemente, esta característica no está delante de los ojos del hombre y la mujer en estado natural (Ro 3:18). El temor de Dios opera como un filtro básico que permite al hombre y la mujer actuar con sabiduría delante de Dios.

En el libro de los Proverbios (31:30) vemos que es indispensable en la mujer virtuosa el  temor de Jehová; o sea, no puede faltar. Dice: “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, esa será alabada.” La mujer temerosa siente amor y admiración por el Señor y no hace nada que no sea su voluntad, es totalmente independiente de lo hacen otras, no pierde sus años de juventud en vanidades con sus amigas u otras actividades infructuosas. “La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu” (1Co 7:34). Y además crece en sabiduría, estatura y gracia. Aprende a sujetarse a sus padres y les honra con una vida consagrada a Dios (Ef 6:2-3). Lo mismo es válido para el varón. Dios nos dice: No tenga tu corazón envidia de los pecadores, Antes persevera en el temor de Jehová todo el tiempo (Pr 23:17). El actuar del hombre debe ser independiente de lo que otros hagan, rechazando la presión de pares. Toma seriamente su educación y preparación para la adultez, sin perder sus años de juventud en entretenciones banales y actividades infructuosas. El hombre no se queda en una mentalidad infantil centrada en el entretenimiento, la inactividad y la pereza (1Co 13.11).

3. Humildad y Templanza
La humildad es precisamente una característica que Dios aprecia en el hombre y la mujer. Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos (Sal 138:6.) Esta es una de las virtudes más difíciles de practicar, ya que significa luchar con nuestro propio ego. Y quien obra con humildad no se vanagloria de sus acciones, rechaza la ostentosidad, la arrogancia y el orgullo, y prefiere ejercitar valores como la modestia, la sobriedad y la mesura (1Ti 2:9-10.) La mujer humilde está dispuesta a sacrificarse por los demás, actúa con la gracia de Dios, le da bienestar a los suyos y no vela por el suyo propio. Es importante que el rol de la mujer en el hogar y en la Iglesia se mantenga conforme a las escrituras y uno de los parámetros con el que la mujer debe medirse es exactamente lo que nos relata Proverbios 31 (v 10 y 31).

Un verdadero hombre resiste toda tentación a fin de no pecar (He 4.15; 1Jn 2.1), posee templanza. No se gobierna asimismo por sus impulsos, por lo que él siente bueno o por su propia conveniencia, sino por lo que dice la palabra de Dios.

4. Amor y Respeto
Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados (1Pe 4:8) La Biblia nos relata muchas historias en las cuales se destacaron algunas mujeres que se mantuvieron fieles a Dios y mostraban siempre amor al prójimo, se preocupaban de hacer el bien a los necesitados y también de predicarles la palabra de Dios. Estas mujeres se ganaron el respeto por su dedicación y benevolencia con la cual siempre actuaron. Ruth, Ester y Tabita son mujeres que se sacrificaron sin esperar nada a cambio, sino por el contrario procuraron el beneficio hacia los demás (Pr 31:29.)

Un verdadero hombre no fecunda a una mujer solo para abandonarla al cuidado de los niños. Un verdadero hombre elige a una mujer para amar y casarse con ella. Luego, lleva a los niños a esa relación familiar sólida y amorosa. No considera a nadie una pérdida de tiempo—especialmente a los niños (ver el ejemplo de Jesús en Marcos 10.13-16 y Lucas 18.15-17).  Jesús frecuentemente sanó a los niños de dolencias e interactuó con los niños con amor y dulzura (Mr 5.35-43).

5. Honestidad y Valentía
 Un cristiano siempre debe ser identificado por su honestidad y su valentía. La palabra de Dios dice: Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo (1Ti 3:11). La mujer honesta es totalmente íntegra y no actúa de acuerdo a sus intereses, se mantiene fiel a Dios, a los padres, a su marido y a los hijos. En ella no hay temor ni cobardía para enfrentar el futuro, espera con ansias cumplir tanto el rol de esposa como el rol de madre, los hijos no son un obstáculo para ella, sino una bendición de Dios (Sal 127:3). El hombre es fuerte para resistir al Diablo y posee la destreza necesaria para huir de la inmoralidad. En su firme deseo de ser como su maestro, se encuentra en el hombre que la verdad también está en él (Jn 1.14).

6. Provisión y Protección
Proveer y proteger a los demás es algo en lo que hombres y mujeres cristianos deben abundar. Las mujeres deben servir a otros sin esperar nada a cambio (Hch9:36). La mujer por naturaleza nace con el instinto de proteger a su familia. Ella provee cuidado a sus padres cuando estos son ancianos o a su esposo cuando está enfermo. Mayormente a los hijos, en especial cuando ellos están recién nacidos. Ella es la que se preocupa también de proveer un ambiente acogedor y limpio en el hogar principalmente para cuidar la salud de su familia (Pr 31:11-12,15). También junto a su esposo planifica el cuidado de los hijos, ya que es importantísimo que los hijos se críen con los padres, especialmente durante los primeros tres años de vida. Sobre todo para enseñarles los valores y principio cristianos que deben aprender. Ella atiende a su familia con alegría y siempre pensando en cumplir lo que dice la palabra de Dios, “la mujer sabia edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba” (Pr14:1.)

El hombre desde temprano en su juventud se preocupa por tener una ocupación—profesión, oficio o habilidad (Mt 13:55; Mr 6:3), ya que con ella proveerá para las necesidades de su familia y de su prójimo (1Ti 5:8).  También el hombre se preocupa de enseñar a otros. Jesús también fue maestro; en su corta vida, él fue muy productivo (Jn 21:25). Por supuesto, el hombre ayuda a su mujer en los quehaceres del hogar. Cuida de su mujer mientras ella esté sana o enferma, protege a su familia, su comunidad y su entorno (Ef 5:25,28).

Finalmente, no debemos olvidar que el hombre fue creado por Dios como una criatura espiritual (Gn 2:7), de acuerdo a su imagen (Gn 1:27), el varón en liderazgo y la hembra como ayuda idónea. Esto último en ningún caso implica que uno sea superior al otro, ¡no! Simplemente da cuenta del rol entregado por Dios a su máxima creación: Adán; a quienes varón y hembra los creó (Gn 5:1-2).

──── * * * ────

Notas y referencias
1Báez, Jeannette, y Reinaldo Moraga. Varón y Hembra los Creó. En R. Moraga, J. Báez & E. Araya (Eds.), Resúmenes de la Convención de Juventud KLESIS 2018. Vol. 6, Nº 1, pg. 11-14, Orlando, FL, 23-28 de Julio, 2018. Publicado con la autorización de Missionary Bible School (MBS) <www.missionarybibleschool.org>
2Rossin, H. The End of Men and the Rise of Women. Penguin, London, 2012.

2 comments:

Anonymous said...

Excelente resumen!
JF

fesiglo21 said...

Gracias hno JF!

Post a Comment