Jesucristo es Dios

May 06, 2012

¡Señor mío, y Dios mío!, exclamó Tomás cuando Jesús resucitado se le apareció y le mostró las heridas de la crucifixión (Jn 20:28). Notemos otra afirmación de la Biblia sobre la divinidad de Jesús, el Hijo de Dios: El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Jn 5:23). 

El evangelio de Juan nos enseña que el Hijo unigénito de Dios, Jesucristo, es la Palabra creadora. Todas las cosas por él fueron hechas. El Verbo era Dios (Jn 1:1-18). Pablo lo llama Cristo, el cual es Dios… (Ro 9:5). El apóstol Juan, hablando del Hijo de Dios, dice: Este es el verdadero Dios, y la vida eterna (1Jn 5:20). Respecto al Hijo, Dios el Padre declara: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo (He 1:8). 

En el Antiguo Testamento el nombre de Jesucristo no es mencionado, pero muchos textos hablan de él, como por ejemplo el Salmo 22 e Isaías 53. Tú eres el mismo, y tus años no se acabarán (Sal 102:24-27). Este versículo, que se refiere a Jesús, fue copiado en Hebreos 1:12. El mismo Jesús dijo: Antes que Abraham fuese, yo soy (Jn 8:58). 

Aguardamos la esperanza bienaventurada… de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo (Tit 2:13). ¡Entonces estaremos con él y le adoraremos sin cesar! Ahora os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios (2Co 5:20). 

Cristo Jesús… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil 2:5-8). Dios se manifestó en carne, el Hijo se hizo hombre sin dejar de ser Dios. ¡Qué gran misterio para nosotros, humanos! Engendrado por el Espíritu Santo en el seno de María, fue el hombre perfecto, sin pecado (1Jn 3:5). Como hombre dependiente, cumplió siempre y en todo la voluntad de Dios, quien declaró la complacencia que hallaba en él (Mt 3:17; 17:5). 

¡Pero esta perfección no nos salva! Para liberar a la humanidad culpable, Jesús también tuvo que morir para quitar el pecado de delante de los ojos del Dios santo. Murió en nuestro lugar para salvarnos y darnos la vida eterna. Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos (1Ti 2:5-6). 

Jesús no se quedó en la tumba. Dios, plenamente satisfecho con su obra, lo resucitó y lo sentó a su diestra. Desde allí se ocupa de los suyos y los sostiene en su camino. Ahora esperamos su venida como Salvador, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (Fil 3:20-21).

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Extraído de: Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza), <http://labuenasemilla.net>. Accesado en Mayo 06, 2012.

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