
No todos los eruditos en el mundo académico concuerdan con la exactitud del rótulo «himno» para el pasaje citado.4 Por ejemplo, Gordon Fee5 menciona cinco buenas razones para pensar que este pasaje es simplemente una prosa paulina exaltada: 1) se debe considerar que el pasaje contiene nada relacionado a la naturaleza de los himnos o de la poesía griega; 2) la existencia de la prosa paulina exaltada no significa necesariamente que se trate de un himno; 3) el uso del pronombre «quien» o «él» (gr., ὅς) no es precisamente como el de sus pasajes paralelos en Colosenses (1.15,18b) y en 1Timoteo (3.16), también considerados himnos; 4) en el griego de Pablo, tan exaltado como sea, las oraciones se suceden en una prosa perfectamente ordenada como es el estilo paulino; y 5) hay que observar lo irregulares que son muchas de las líneas en cuestión, si se supone que funcionan como líneas de poesía semítica. Por otro lado, Peter O’Brien explica que cuando se hace referencia a este pasaje como un «himno», el término no debe ser concebido en el sentido moderno de lo que se entiende por himnos congregacionales con versos métricos, ni tampoco como poesía griega o semítica. Más bien, el término es usado en un sentido amplio, como en el caso de un «credo», que incluye material doxológico y confesional. El autor agrega que la presencia de elementos de estilo y de lingüística es considerada por la mayoría de los eruditos como base para reconocer este pasaje como una pieza hímnica o poética tradicional.6
Cualquiera sea el veredicto final de esta legitima discusión académica; es decir, sea Filipenses 2.6-11 un himno o no, lo cierto es que el pasaje enseña un contenido tal, que amerita definitivamente un lugar de preeminencia en la doctrina cristiana. Grant Osborne7 sugiere que el texto griego del pasaje, visto como un himno, sigue un patrón de seis estrofas de tres líneas cada una, tal como sigue:
1. el cual, siendo en forma de Dios,
no estimó el ser igual a Dios
como cosa a que aferrarse,
2. sino que se despojó a sí mismo,
tomando forma de siervo,
hecho semejante a los hombres;
3. y estando en la condición de hombre,
se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
4. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo,
y le dio un nombre
que es sobre todo nombre,
5. para que en el nombre de Jesús
se doble toda rodilla
de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;
6. y toda lengua confiese
que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.
El pasaje puede dividirse en dos secciones.8 Las tres primeras estrofas (1-3) del himno muestran la humillación de Jesús que transita por tres posiciones de degradación progresiva en el estatus social del mundo Romano.9 Comienza con la preexistencia y el estado de existencia de Jesús antes de su encarnación. Da a entender cuál fue su mentalidad al enfrentar su nacimiento y mientras vivió en la tierra como Dios-hombre. Jesús no consideró el hecho de «ser igual a Dios» para usarlo en su propio beneficio. Tampoco exigió a los hombres reconocer su estatus, sino que de buena voluntad siguió el camino de servidumbre. Su naturaleza divina continuó, pero en un contexto diferente. Pablo amplía el final de la estrofa 3, señalando el tipo de muerte que padeció Jesús, dando a entender que en la cruz fue donde sufrió la peor vergüenza pública a la que pudo ser sometido por los hombres.
La segunda sección consistente de las tres estrofas restantes (3-6) muestra lo que Dios hace con Jesús para devolver su honra, aquella gloria que tuvo antes que todo lo creado fuese (cf. Jn 17.5). A Jesús, humillado a lo más bajo que los hombres pueden concebir, Dios lo encumbra a lo más alto que ningún hombre jamás puede imaginar. Dios ahora estaba revirtiendo todas sus acciones de servicio y devolviéndole su gloria eterna. Aunque desde nuestra perspectiva, hay un otorgamiento de estatus y gloria que nunca fue reconocido durante su vida terrenal, esto no se debe malinterpretar como una acción de la «teología del mérito,» ya que Dios estaba simplemente devolviendo a Jesús ese estatus y gloria que siempre tuvo.10 En la exaltación Dios expresa «vindicación y aprobación.»11 La segunda sección prosigue señalado que la exaltación de Jesús cumple dos propósitos: (a) que toda la creación se incline ante él en absoluta reverencia, i.e., adoración por parte de sus santos y sometimiento por parte de hombres pecadores, principados, potestades y gobernadores de las tinieblas de este siglo; y (b) que se haga confesión pública de él en alabanza y acción de gracias. Hellerman ve que Pablo hace implícitamente una aplicación a Jesús del pasaje en Isaías (45.23), en las últimas dos estrofas del himno:12 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua.
A través del himno cristológico, es valioso lo que Pablo muestra en relación a la obra de Jesús y la acción de Dios para dar salvación a los suyos. Siendo un ser infinito, Jesús vino a la tierra y se anonadó. Tal vez, Pablo tenía en mente esta idea cuando, haciendo referencia a Apolos y a sí mismo, dice: Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento (1Co 3:7). Es decir, tanto Apolos como él son nada, ya que solamente Dios es todo. En su acción, Dios responde restaurando a Jesús a su estado y posición antes de venir temporalmente a la tierra, otorgándole victoria plena sobre todo lo creado. Este principio de humillación y exaltación parece estar vívido en la mente de Jesús cuando enseña a su audiencia diciendo: Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido (Lc 14:11). A la luz de lo expuesto, Pablo escribió el himno para dejar un ejemplo a las generaciones posteriores de lo que significa verdaderamente ser una persona no centrada en sí misma sino en el interés de los demás, camino que de manera genuina permite llegar a la realización plena. Sin lugar a dudas, la inspiración del Espíritu Santo actuando en Pablo generó esta hermosa pieza dentro de la carta a los Filipenses.
Con motivo de esta navidad, que se haga una realidad en nuestras vidas el himno cristológico que nos enseñó Jesús, encarnando un ejemplo de humildad toda su vida en la tierra. Después de todo ésta es justamente la invitación de Dios para hallar el descanso de nuestras almas.
--RJM
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Notas y referencias
1 Del gr., κενόω, que significa también vaciar.
2 Harold L. Willmington, Willmington’s Bible Handbook (Wheaton, IL: Tyndale House Publishers, 1997), 712.
3 Del gr., δοῦλος, que significa también esclavo.
4 D. A. Carson y Douglas J. Moo, Una introducción al nuevo testamento (España: CLIE, 2008), 427.
5 Gordon D. Fee, Philippians 2:5-11: Hymn or Exalted Pauline Prose? (Bulletin for Biblical Research 2: 1992), 30-34.
6 Peter T. O’Brien, The Epistle to the Philippians: A Commentary on the Greek Text, NIGTC (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing, 1991), 188-189.
7 Grant R. Osborne, Philippians Verse by Verse (Bellingham, WA: Lexham Press, 2017), 71.
8 Peter T. O’Brien, The Epistle to the Philippians: A Commentary on the Greek Text, NIGTC (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing, 1991), 193.
9 Joseph H. Hellerman, Reconstructing Honor in Roman Philippi (Cambridge, UK: Cambridge University Press, 2005), 130.
10 Grant R. Osborne, Philippians Verse by Verse (Bellingham, WA: Lexham Press, 2017), 77.
11 Peter T. O’Brien, The Epistle to the Philippians: A Commentary on the Greek Text, NIGTC (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing, 1991), 234.
12 Joseph H. Hellerman, Philippians: Exegetical Guide to the Greek New Testament (Nashville, TN: Broadman & Holman Publishing Group, 2015), 122.
2 Harold L. Willmington, Willmington’s Bible Handbook (Wheaton, IL: Tyndale House Publishers, 1997), 712.
3 Del gr., δοῦλος, que significa también esclavo.
4 D. A. Carson y Douglas J. Moo, Una introducción al nuevo testamento (España: CLIE, 2008), 427.
5 Gordon D. Fee, Philippians 2:5-11: Hymn or Exalted Pauline Prose? (Bulletin for Biblical Research 2: 1992), 30-34.
6 Peter T. O’Brien, The Epistle to the Philippians: A Commentary on the Greek Text, NIGTC (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing, 1991), 188-189.
7 Grant R. Osborne, Philippians Verse by Verse (Bellingham, WA: Lexham Press, 2017), 71.
8 Peter T. O’Brien, The Epistle to the Philippians: A Commentary on the Greek Text, NIGTC (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing, 1991), 193.
9 Joseph H. Hellerman, Reconstructing Honor in Roman Philippi (Cambridge, UK: Cambridge University Press, 2005), 130.
10 Grant R. Osborne, Philippians Verse by Verse (Bellingham, WA: Lexham Press, 2017), 77.
11 Peter T. O’Brien, The Epistle to the Philippians: A Commentary on the Greek Text, NIGTC (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing, 1991), 234.
12 Joseph H. Hellerman, Philippians: Exegetical Guide to the Greek New Testament (Nashville, TN: Broadman & Holman Publishing Group, 2015), 122.
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