Gracias a Dios por el Consolador que nos envió

June 10, 2018


En su argumento contra Dios, Job dice lo siguiente: 
¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y para que pongas sobre él tu corazón, Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes? ¿Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada, Y no me soltarás siquiera hasta que trague mi saliva? Si he pecado, ¿qué puedo hacerte a ti, oh Guarda de los hombres? ¿Por qué me pones por blanco tuyo, Hasta convertirme en una carga para mí mismo? ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo, Y si me buscares de mañana, ya no existiré (Job 7:17-21).
Estas palabras están dentro de la respuesta de Job a la reprensión que recibió de Elifaz, y en ellas deja ver su desesperación. Los versículos 17 y 18 tienen expresiones similares a lo que dice David en el Salmo 8, versículo 4, ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Pero Job da a entender que Dios lo ha puesto a él en el centro de Su atención como para analizarlo y probarlo. Es como cuando un artesano mira su pieza creada meticulosamente y comienza a detectar sus defectos para perfeccionarla porque debe quedar finísimamente acabada. Job siente que Dios lo mira y no lo deja descansar (v19); no lo suelta ni siquiera para tragar su saliva.

Al situarnos en el lugar de Job, sus palabras nos transmiten el temor de juicio que Dios traerá a hombres y mujeres. Un momento de tensión personal intenso, tal como lo predice Jesús: allí será el lloro y el crujir de dientes (Mt 8:12b). ¿Y quién podrá salir airoso de la mirada penetrante de Dios que todo lo escudriña? El que conoce hasta lo más recóndito de nuestro corazón. Cualquiera sea el pecado que uno tenga lo daña solamente a uno, no a Dios (v20a). Este hecho debe hacernos anhelar aún más estar escondidos en Jesús nuestro Salvador, como lo anhelaba Pablo. 

Job pregunta: ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Hay algo que en esa época él no tenía y que nosotros hoy si tenemos. No solamente el perdón de pecados que Dios ha provisto por medio de Jesús. Es la Gracia de Dios, con todos sus beneficios para el creyente. Meditar en la desesperación de Job clamando por una solución para su vida, nos hace ser agradecidos por la obra redentora de Cristo en la tierra. Por ella, hemos recibido el Consolador en nuestras vidas. Gracias a Dios por su Santo Espíritu quien día a día nos consuela y nos protege, nos alerta de lo malo que hay en nuestras vidas y nos va perfeccionando de manera cariñosa y misericordiosa. Job no tuvo ese privilegio, nosotros lo tenemos. ¡No lo desaprovechemos!

--RJM

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