Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo (1 Timoteo 3:1-7).
3 comments:
Que ocurre si yo como persona (siendo un hijo de Dios), deseo esto y resulto obtener la bendición de ser un pastor, pero no hay un llamado sino solamente el deseo y anhelo de serlo, como sustento mi ministerio? llega el momento en que el simple deseo se termina y viene el fracaso? o Dios por el solo echo de mirar el buen propósito del humano le sustenta?
Saludos.
Manuel Tobar
manueltobar5@gmail.com
Gracias hermano Manuel por su muy buena pregunta. Procuraré con la ayuda del Señor esbozar una respuesta en base al versículo citado arriba.
Primero que todo, remarcar lo que dice Pablo, si una persona (que es hijo de Dios) anhela llegar a ser siervo del Señor para trabajar bajo sus órdenes, cuidando y atendiendo el rebaño del Señor o la Novia del Cordero, es algo súper noble. Una muy hermosa y gran aspiración. Imagínese, desear estar trabajando bajo las órdenes de Dios. ¡El mejor Jefe de todo el Universo! ¿Cómo no ha de ser este un noble anhelo? ¿Por qué habría de ser malo tener tal deseo? Al contrario, todos los hijos de Dios debiéramos poseer ese noble anhelo. Pero dicho anhelo debe ser genuino; es decir, que nace sólo de un corazón que ama a Dios, no hay otro motivo sino sólo el amor a Dios, porque él nos amó primero.
No obstante, si la aspiración de tal persona es genuina, entonces Dios pondrá en ella la vocación o llamado para el trabajo que deberá desarrollar. Este llamado no es algo que Dios pronuncie en el hombre desde afuera hacia adentro, sino al revés, es desde adentro del hombre hacia afuera. Dios pronuncia sus palabras primero en el corazón del hombre. Y en este punto es donde hay confusión muchas veces. Pues, el llamado se confunde con el testimonio o señal de alguna manifestación “externa”, donde supuestamente Dios le dice al hombre que lo necesita para trabajar en Su obra. Pero esta señal no debería usarse para zanjar si un hombre tiene o no llamado. Ciertamente, cuando la persona duda de lo que Dios ha puesto en su corazón, Dios en su soberanía puede usar una señal externa como para confirmar Su llamado. Este tipo de señales es algo secundario, sólo una confirmación. Pues la verdadera señal para la persona que dice poseer el llamado del Señor son los requisitos que enumera Pablo.
El cumplir con estos requisitos no es algo deshonesto (o hipócrita), sino la consecuencia de una persona en cuyo corazón ha sido puesta la pasión por Dios y su iglesia. El amor por Dios y el deseo de trabajar por él es tal que en forma natural comienzan a florecer la lista que Pablo enumera como requisitos. Y son evidentes para el resto de los hermanos. Esa es la mejor señal de que el hombre verdaderamente posee llamado. ¿Cómo se sabe que una persona posee tales cualidades o requisitos? Pablo le enseña a Timoteo que el hombre que ha de ser usado para tales cargos no debe ser un neófito. Antes bien, éste debe ser probado para ver si esas cualidades que Pablo enumera afloran.
Una característica crítica que posee una persona que verdaderamente tiene llamado genuino de Dios es que busca ser irreprensible. En el video, se dice que esto hay que enseñarlo muy bien a las personas antes que lleguen a ser pastores. Estoy muy de acuerdo con este punto. Sólo agregaría que hay que enseñarlo muy bien a TODOS en la iglesia. Y diría que esto es válido no sólo para los pastores, sino también para los que desean ser evangelistas o misioneros.
(Continua...)
La persona que busca ser irreprensible no manipula la verdad acerca de que “todos somos pecadores” para esconderse cuando ha sido sorprendida en algo reprensible. La persona que es llamada por Dios verdaderamente cuida de la Novia del Cordero con respeto y la tiene en alta honra, ama el rebaño de su Señor y no escatima sacrificio alguno para atenderlo, busca a la oveja perdida y atiende con amor a la perniquebrada. La persona que tiene el llamado del Señor no cabila en su corazón para reprender y resistir inmediatamente al diablo cuando se trata de maltratar a la Novia del Cordero. Tampoco tal persona actuaría con falta de transparencia (o turbia) ante la iglesia de Cristo. La persona que tienen llamado genuino de Dios jamás se le ocurriría abusar del rebaño de ovejas cuyo dueño soberano es su Señor. Y el hecho de sólo imaginarlo haría venir sobre él un inmenso temor de ofender a Dios de esa manera. Jamás cometería tamaña ofensa a Dios en su sano juicio. ¡Sería absolutamente irracional! Por tanto, si una persona con genuino llamado de Dios comete en forma inconsciente o involuntaria algún acto reprensible, cuando es amonestada, pide perdón inmediatamente, repara el daño causado y se arrepiente. Con la ayuda de la gracia del Señor nunca más comete el mismo error. Eso significa ser irreprensible.
La búsqueda de ser irreprensibles o irreprochables es algo que TODOS debiéramos perseguir, con mayor razón los pastores, evangelistas, misioneros, etc. Si a quienes Dios ha dado tal honra, no andamos en busca de esta característica, por el contrario, vivimos cayendo en faltas como las enumeradas por Pablo, pero en vez de enmendar nos justificamos en que “todos somos pecadores”, entonces debiéramos ser lo suficientemente fuertes para dar un paso al costado y no continuar haciendo daño a la iglesia de Cristo. Tal actitud significa que hay altas posibilidades que hayamos llegado al ministerio por error, sin haber nunca recibido la genuina vocación que sólo Dios puede entregar. El persistir en el cargo obedece a motivaciones totalmente ajenas del amor a Dios y a su iglesia. Lo peor es que tarde o temprano nos encontraremos con la mano del Señor.
Una persona con llamado genuino no posee un deseo pasajero de servir y estar bajo las órdenes de Dios. Es algo de por vida. Cuando se compara con las cualidades que enumera Pablo ciertamente se encuentra falta, pero persiste ante el trono de Dios en oración para que afloren en ella esas cualidades y llegar a ser irreprensible.
Ahora, pudiera ser que por error alguien que no tenga el deseo haya llegado a ser pastor. Bueno, esa persona lo primero que debe hacer es pedir a Dios la vocación y debe continuamente medirse en torno a estas cualidades que Pablo enumera. Si ve que estas cualidades no están en él debiera a conciencia y en honestidad dar un paso al costado.
Dios le bendiga muchísimo mi hermano. -RJM
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